lunes, 7 de abril de 2014

Reencarnaciones promiscuas

Algo hicimos bien en otra vida. Me preguntaba la noche del sábado si yo fui alguna de las enfermeras que salvaban niños de los incendios durante los bombardeos de la segunda guerra mundial o si tuve alguna participación activa en el descubrimiento de la vacuna contra la polio o si inventé el papel o ¿qué diablos hice bien? Porque, la verdad es que, al menos en los últimos treinta y siete años, que es lo que ha corrido desde mi más reciente nacimiento, he sido un tipo muy poco premiable. Casi nunca soy caritativo, digo imprudencias constantemente, todavía, como Sabina, me emborracho, no fumo (pero eso no es por virtuoso sino por asmático) y tampoco llamo por teléfono a mis abuelitos. Sin embargo, el karma me quiere y yo estaba acostado boca arriba y desnudo, obseso por averiguar qué hice para merecer una sesión de cuarto oscuro swinger como la que me estaba ocurriendo.

La cama que nos tocó en el playroom era, comparada con la mesa que teníamos, bastante pequeña. Pero en esos casos, aquello era más ventaja que otra cosa. Mariana se entretenía masturbando hombres y yo me dejaba llevar por las manos de mujeres que entre, acrobáticos juegos de lenguas, me conducían por placeres versátiles y casi oníricos. Éramos varios. Todos amigos, o amigos de amigos que convergimos en el club después de dos semanas de planeación. Llevaríamos, originalmente, a una pareja novata a conocer un bar swinger del que habían oído mucho. Para hacerlos sentir más bienvenidos, invitamos a otros que ellos ya conocían y a otros más que podían serles atractivos. Los otros invitaron a otros más y los primeros a unos segundos y luego, nosotros a otros y luego ya me hice bolas, pero el caso es que los novatos cancelaron y quedó armado un grupo de Whatsapp con 11 personas que habían ya cumplido varias horas de vuelo libertino, más un adenda del que no vale la pena decir más.

Así las cosas. Ocupamos una mesa en el rincón y no tardamos en convertirla en una preorgía muy creativa. Una pareja entre el corro era la única desconocida para nosotros, pero como E me encargó que los tratáramos como si fueran ellos, me apresuré a besar a esa chica cuya belleza y suavidad me hizo pensar en un producto de Tim Burton pero luminoso. E la llama muñequita de cianuro y puedo entender por qué. De beso en beso fui perdiendo la conciencia y descubrí que mis manos cobraban vida propia y que el resto de mi cuerpo era el campo de batalla donde otras manos también cobraban vida propia. Entre sus labios, caí en un trance que me llevó a otras bocas, a otras lenguas y a otros rostros. De una orilla a otra fui encallando e izando velas nuevamente, para volver a encallar, siempre entre sirenas. Mire de reojo para ver como estaba mi mujer, y reafirmé mi teoría de que tiene en la boca un detector de penes. Todo en órden pues. No creí, tampoco, que a la pareja de la mesa de a lado le molestara que usara una de sus sillas para hacerle sexo oral a A quien, para ese momento, ya había dejado lejos de sí toda la ropa.

Abrí los ojos cuando alguien me dijo que fuéramos de playroom y todos fuimos en excursión a hacernos del pequeño colchón más próximo. Cuerpos, rostros, senos y los gemidos de Mariana que me llegaban desde lejos (no más de un metro). Siluetas, saliva, traseros y algún fruto para comer siempre a la mano. Caricias, más caricias, lengua y manos que aprenden a tocar las melodías que se extraen de una mujer exitada. Miro a mi alrededor y pienso: No puede ser que tenga tantos, tan buenos amigos, no puede ser tampoco que tenga tan buen sexo con tantas mujeres hermosas. No puede ser que en mí, haya espacio para tantas impúdicas lamidas, y tampoco que al final de todo esto haya espacio entre los muslos de Mariana para que hagamos a dueto el aria final de nuestra noche. Desarrollé entonces una hipótesis: aquellos que, cuando niños, ayudaban ancianos a cruzar la calle y de adultos fabricaban juguetes multicolores de madera certificada que nunca colaboró en la deforestación del amazonas, tienen, por estatuto cósmico, derecho a reencarnar en el cuerpo de un swinger.

Foto: ?, vía: Sicalipsis

 

martes, 1 de abril de 2014

Nalgadas para prender la luz

El trasero, ya de por sí, tiene múltiples funciones, pero gracias a Joseph Begley, un diseñador británico, también podría servir para iluminar la habitación en un sentido más que metafórico. Por setecientas libras, puedes comprar una lámpara Slap realizada en silicón ultrarealista que se prende y se apaga con un amoroso toque. Viene en varios colores y, definitivamente, me encantaría tener una de estas "piezas conversacionales" en nuestro playroom casero.





viernes, 28 de marzo de 2014

Las cosas que decimos los swingers

Resulta que coupledoingit.com produjo este pequeño video nada explícito pero muy elocuente que recopila las frases más comunes que decimos  los swingers. Nos hizo reír mucho, porque yo creo que no hay una sola que no hayamos, al menos, escuchado. La verdad, también hemos dicho bastantes. Como no tenía mucho sentido traducirlo todo, pongo algunas de nuestras frases favoritas. Si quieren aportar más, la sección de comentarios está siempre abierta.

***

-Ella está hermosa… ¡Él no!
-Empaco mi strapon, no estoy segura de que ellos tengan. (Para nosotros, el equivalente es el Hitachi).
-¡Qué chistoso! Es la misma marca de lubricante que nosotros usamos.
-Nuestro nombre de usuario es muy fácil… Coupleforfunforyousixtynine   es así: CPO el número 4 FUNFORuSIXT y el número 9.
-¿Les molesta que cambiemos nuestra cena para la próxima semana, es que a ella le acaba de llegar su periodo?
-Bisexual, bicuriosa, biconfortable, biamistosa, bisutacional, bisensual, bilingüe, bilateral, bicicleta, bisemanal, bióloga, bipartidista, binocular, trisexual… Me gustaría que tuvieran más opciones.

-Tus senos son increíbles,  ¿puedo? Querido, tienes que tocarlos.
-¿Por qué no traje mi strapon?
-¡No los reconocí vestidos!
-¿Quiénes son la pareja que nos tiramos la semana pasada?
-¡No quiero salir hoy! ¡Tengo un barro en el trasero!
-¿En dónde te depilan?
-¿Conocen a alguna niñera que trabaje hasta después de las 5 de la mañana?
-Rompí otro Hithachi Magic Wand.
-Creo que este es nuestro tercer viaje a Jamaica en el año. (En México decimos, Desire)
-Gracias por cuidar a los niños… No, mamá, no me acuerdo  cómo se llama el hotel al que vamos.
-No hemos tomado ninguna foto de las vacaciones que podamos enseñarle a la familia.

-No hombres solos.
-Vamos a instalar un tubo de stripper en el centro de la sala
-Ya no podemos ir a antros vainilla.
-Hay un par de amigos vainilla aquí, así que compórtense.
-¿Espantamos a esos vainillas?
-Y después, resultaron no ser ya tan vainillas.

-¿Te acuerdas de la marca de condones que le gusta a Jim y Karen?
-¿Quieres ir al playroom?
-Tu marido tiene un pene hermoso.
-Tu mujer hace las mejores mamadas.
-¿Qué le hiciste a mi esposo? ¿Me enseñas?
-Oye, ¿tendrás viagra?
-Eso estuvo fantástico. ¿Cómo se llaman?

-¡Feliz navidad! No lo vayan a abrir delante de su familia.
-Que no salga mi cara en la foto.
-¡Encontré un unicornio!
-¿Eres squirter?
-Perdón por el mojadero
-¡Quiero jugar con ellos!
-No me acuerdo si ya jugamos con ellos.
-Estamos en el lifestyle pero no nos gusta el término “swingers”.
-La próxima vez empezamos antes de las cuatro de la mañana, ¿no?




lunes, 24 de marzo de 2014

En la primaria me enseñaron a ser swinger

¿Criaría a mis hijos en la cultura swinger? Probablemente sí. Es un tipo de vida en el que creo, más allá del plano "sólo adultos". Lo más importante del lifestyle lo aprendí mucho antes de saber nada sobre sexo y, pobrecitas ellas no lo sospechan, me lo enseñaron mis Misses de primaria y de kinder. A ser swinger, lo aprendí en la escuela.

Esas señoras sabían que los problemas se resuelven hablando. Me enseñaron a no gritar, a no maldecir y a no insultar inútilmente. Así fue como Mariana y yo decidimos, juntos, empezar en el ambiente: hablando, compartiendo ideas y fantasías. Así planeamos cada una de nuestras travesuras y, de igual manera, así cerramos nuestras aventuras: a la luz de la conversación, del café y de los chilaquiles a la mañana siguiente. Hablando, hablando se entiende la gente, decían.

Aprendí, también de niño, que a las personas hay que darles siempre una oportunidad y que nunca hay que juzgar a nadie por lo que lleva puesto. Esto ha sido particularmente útil en los jacuzzis de los hoteles nudistas, en donde es siempre difícil ver la marca de la camisa o medir los complejos de los demás. Las maestras bondadosas también me enseñaron a no tocar sin pedir permiso, a no lastimar a nadie y a tratar con cariño a mis compañeritos y compañeritas de juego.

Por esa misma época, aprendí que, amigos en el patio del recreo puedo tener muchos pero que familia sólo una. Esa, mi familia, Mariana, es siempre la mayor de mis prioridades.

La Miss me dijo, posiblemente cuando estaba yo en el primero B que probara las cosas nuevas sin miedo, pero con precaución y que jugar era más divertido cuando compartes. Mariana y yo sabemos que los juguetes son de todos y por eso siempre llevamos a Hitachi con nosotros.

En la primaria aprendí a jugar en equipo, a disfrutar con la felicidad del grupo y pensar en los demás. A nadie se le ocurrió que me estaban adiestrando para el mundo de las orgías y el intercambio de parejas, pero así fue. Gracias a esa época es que ahora swinguear es mi deporte favorito.

Nunca se cansaron esas diligentes mujeres de inculcarme la disciplina de dejar el salón y el arenero en buen estado y tal y como lo enontré. Ahora me cae bien la gente que, cuando sale del playroom, recoge su basura y sus toallas. Yo lo hago, y me siento, por ello, un buen ciudadano. De debería haber en los clubs swinger un cuadro de honor.

También, de esa época es la civilizada costumbre de dar las gracias cuando alguien hace algo bueno por ti, o de entender que la voluntad de nadie puede plegarse a la propia. Los berrinches y chantajes sólo logran que uno termine en el rincón con orejas de burro. Incluso, es del kinder la certeza de que para recibir alguna vez, primero hay que acostumbrarse a dar y encontrar en ello la felicidad mayor.

Cuando alguien, por correo electrónico nos hace la constante pregunta: "¿Qué nos aconsejan para que nos vaya bien en nuestra primera experiencia swinger?" Lo único que se me ocurre escribir de vuelta es: sean buenos tipos. Con lo que uno aprendió en la primaria, basta y sobra para se feliz en el lifestyle.

Fotografía antigua de pareja swinger
Sexy swingers

miércoles, 19 de marzo de 2014

Julian Murphy: la erótica de lo mecánico

Todos hemos jugueteado con las posibilidades sexuales de los objetos cotidianos. Es común que, mientras esperamos, un salero nos recuerde las curvas de una mujer o una botella nos haga pensar en símbolos fálicos. La diferencia entre los mortales y los artistas es la capacidad de hacer algo con estas ocurrencias. En ese sentido, los dibujos eróticos de Julian Murphy, Tantric Pop Art, son una verdadera antología de la imaginación. Los objetos, no sólo se transforman en Dionisiacas representaciones, sino que además revelan secretos oscuros y fantasías imposibles. Mucho hay de lúdico en ellos, y por eso, su colección es un deleite de inteligencia y de sentido del humor.

Julian Murphy en: Erotic Artists












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