lunes, 18 de agosto de 2014

Hacer de los civiles, liberales (en el plano sexual)

Escena sensual con Pierrot
Casi todas las parejas del medio, cuando están juntos esperando en el aeropuerto, o mirando a la gente pasar desde la terraza de un restaurante, juegan a  preguntarse si los cándidos transeúntes, especialmente los más atractivos, son o no son swinger. Mi apuesta es que muchos de los que no lo son, quisieran serlo, pero tal vez no se han enterado de que la posibilidad existe. A nosotros  no nos gusta evangelizar, de hecho, Mariana detesta la idea de convertir civiles, pero a mí, eso de dictar cátedra me fascina. Gracias Jardín de Adultos, hemos tenido muchas ocasiones para ayudar a los indecisos novatos a dar sus primeros pasos con seguridad por este deliciosos mundillo. Sin embargo, y aunque en un mundo realista tal cosa no ocurriera, cuando vemos por la calle a una parejita deliciosa a la que la inocencia o el hastío se les notan por todos lados, quisiéramos tener un poco de testigos de Jehová, y abordarlos descaradamente para que encuentren, en nuestros besos, el camino a la salvación. 

 ¿Y lo han considerado...?

Comedia de situación en pocas líneas sobre cómo reclutar adeptos hacia la vida swinger


Mariana:
Buenas tardes, ¿tendrán un minuto para hablar de su vida sexual?

Desconocido:
No, muchas gracias, en este momento tenemos prisa

Mariana:
Ándele, jóven, no le tomará mucho tiempo. Tenemos un mensaje importante para usted.

Desconocida:
 (Le habla al desconocido al oído, como si nadie más pudiera escucharla)
Vámonos ya, mi vida, que éste par se ve muy raro. Han de ser de esas gentes locas que primero te dicen que traen la neta y luego nada más te quieren estar manoseando.

Diego:
¿Cuánto tiempo le dedican al día a cosas más banales como ver televisión o jugar Candy Crush? Les promentemos que no les robamos ni cinco minutos, sólo, denos la oportunidad de salvarlos de una vida matrimonial aburridísima.

Desconocida:
Pero si nosotros ni matrimonio somos...

Mariana :
(Se da cuenta de que la pareja de desconocidos ya está contestando y decide aprovechar el momento)
Les voy a regalar este folletito informativo, seguro lo encontrarán interesante. Precisamente (enfatiza "cis") porque ustedes aún no están casados y ya se les notan claros signos de fastidio, es que venimos con la buena noticia de que USTEDES NO TIENEN  PORQUE VIVIR UNA VIDA DE ABURRIMIENTO SEXUAL.

Desconocido:
(Se indigna)
¿De qué está hablando? Nuestra vida sexual no es aburrida. (A Desconocida) ¿Verdad, Alfonsina?

Alfonsina:
(No contesta) Este...

Desconocido:
¿Cómo? ¿Te aburre tener sexo conmigo?

Alfonsina:
No es eso..., es que...

Diego:
Le aburre tener sexo contigo.

Mariana:
Mi vida, no seas imprudente. ¿Qué te he dicho?

Diego
Lo siento. No era mi intención. Pero no es su culpa, (Al Desconocido) Es que todos los seres humanos tenemos limitaciones, nadie puede satisfacer a nadie todo el tiempo.

Alfonsina:
Pues sí, Santiago, es que tu repertorio de movimientos, la verdad es que... pues que.. pues que ya se está empezando a volver repetitivo, pues. Pues vaya, (suspira) hasta que lo dije.

Mariana:
(Al ver la cara de desilución de Santiago) Y no me digas que tú, Santiago, sí estás completamente satisfecho. ¿O sí?

Santiago:
(Responde con decisión) Por supuesto que sí. Yo no necesito otro cuerpo más que el de mi Alfonsina.

Mariana:
(Se endereza de forma que hace resaltar más su escote) Seguro.

Santiago.
(Cae en la trampa, se sorprende a si mismo mirando el busto de Mariana y endereza la mirada completamente) Bueno, no es que no me guste ver de vez en cuando a otras es que...

Alfonsina:
Es que te haces bien güey, no hasta el otro día en medio de la borrachera le dijiste a mi primo que tú sí le venías bajando los calzones a Anastasia.

Santiago:
¡Cómo! ¿Te lo dijo?

Alfonsina:
Pues claro que me lo dijo. ¿Qué parte de "Es mí primo" no te quedó clara?

Santiago:
Perdóname mi vida, es que esa vieja sí está bien bonita. (Pone cara de niño regañado)

Diego:
Ese es el punto, y ese es precisamente el camino que queremos mostrarles. Está aquí en el folleto.

Alfonsina:
(Se acerca al hombro de Santiago para leer) "¿Usted ha considerado ser swinger?" No, la verdad es que no lo habíamos pensado. ¿Tú sí, mi vida?

Santiago:
Una vez yo lo pensé y te iba a decir, pero luego me arrepentí porque creí que te ibas a enojar.

Alfonsina:
¿Cuándo se te ocurrió?

Santiago:
En la fiesta del Gavilán el otro día. Ya ves que estaba una pareja como cinco años más grandes que nosotros y que ella traía una faldita cortita cortita y que bailaban como que muy cachondo. Pues ella sí me gustó un buen y pensé "Si fuéramos de esos, segurito que hoy se me hacía"

Alfonsina:
¡Estúpido!

Santiago
Perdóname, nada más se me antojó, yo no dije que fuera a hacer nada

Alfonsina:
¡Estúpido! ¿Por qué no me dijiste nada? El tipo era un dios; soñé con él una semana. Y a esa chava, hasta yo le daba.

¿Continuará...?

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martes, 12 de agosto de 2014

La parafernalia: nuestro equipo para salir a jugar

Lo que siempre llevamos cuando visitamos bares sw


Vibrador y otros juguetes para swingersSi fuéramos al Himalaya, no nos faltaría nuestra mochila bien equipada. Como nuestro deporte extremo no es el alpinismo sino el swinger nuestro equipo de exploración no es muy abultado, pero sí es significativo. Digamos que llevamos siempre nuestra navaja de Macgyver en forma de una discreta cosmetiquera azul que fue, involuntariamente, bautizada por un desconocido en un club de NY como "La Parafernalia"

Siendo justos, "La Parafernalia" tiene dos versiones. La versión el Modelo le Club, o zippeada si algunos lo prefieren, está contenida en la dicha bolsa azul pequeña, cuyo color es lo mismo agradable a la vista que fácilmente identificable en los revoltijos humanos que suelen hacerse en los playrooms. Mariana la carga con ella porque, básicamente, yo no me veo bien cargando bolsitas y porque, además, el riesgo de que la pierda es considerablemente alto. El paquete en cuestión contiene:
  • Condones: (no muchos, sólo los necesarios en caso de que yo olvide los que siempre cargo en el saco)
  • Toallitas húmedas
  • Chicles de buen aliento
  • Pasta y cepillos de dientes (de todas formas)
  • Un pequeño vibrador de pildorita (cuyas pilas olvidamos siempre cambiar)
  • Una versión portatil de nuestro bienamado Hitachi
  • Gel desinfectante
También es justo hablar de la versión extendida de nuestro kit, el Modelo Finde, adecuado para el Pistache o para las largas sesiones de La Cofradía del Orgasmo Perpetuo, incluye todo eso y más, pero es tan extenso y variable el surtido que tiene que portarse en una enorme bolsa playera de color naranja. Además de otros muchos artículos de perfumería e higiene personal, aquí caben también.
  • El bienamado Hitachi (obviamente)
  • Una larga extensión para conectar al dicho bienamado Hitachi
  • La colección completa de vibradores
  • Más condones
  • Sacacorchos y cuchillo (esos no son juguetes extrakinky, pero siempre se ofrecen y acabamos por comprar unos nuevos)
Habría que aclarar que si no llevamos la versión extendida cuando salimos de noche, no es por falta de espacio o por falta de voluntad. La verdad es que nos encantaría llevar a Libido o a Dreams nuestro sextoy favorito con todo el equipo que requiriera, pero, ignoramos por qué razón, en los clubes swinger de México nunca hay enchufes en los playrooms, y es por eso que Dámaso se tiene que quedar en casa, y por lo tanto, los plug-ins de "La Parafernalia" no son necesarios.
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lunes, 11 de agosto de 2014

Clubes swinger y servicio al cliente

Reflexiones para dueños de bares swinger

Clubs swinger
Fotografía: Noboyoshi Araki
Los clientes de bares swinger no somos, al menos no la mayoría, clientes de tables y similares. Puedo entender por qué los civiles lo piensan así. Después de todo, pagamos por sexo. ¿Cierto? Falso. No pagamos por sexo, pagamos (cuando así lo hacemos) por divertirnos con nuestra pareja y con nuestros amigos en un sitio donde podemos conocer a más personas que entienden por diversión más o menos lo mismo que nosotros. Los civiles también lo hacen, sin embargo, es comprensible que si alguno de ellos imaginara un local de intercambio de parejas, pensara en algo parecido a un strip club.

     Lo que no puedo entender es ¿por qué tantos dueños de clubs sw, en su mayoría, swingers ellos mismos que "cansados de no encontrar el tipo de club que buscaban, decidieron abrir el propio", creen que se puede tratar igual a los swingers que a los clientes del table? Más de una vez, hemos dicho en Jardín de Adultos, que es muy importante que la gente gane dinero. Es más, yo creo que quien pone un negocio corre muchos riesgos, trabaja mucho y merece lucrar considerablemente. Incluso, soy el principal defensor de la idea de que si un club no resulta un excelente incentivo para sus inversionistas, está condenado a desaparecer, y por lo tanto, los complacidos usuarios deberíamos, a ultranza, defender la posibilidad de "lucrar con el medio", como algunos condenan por ahí. Pero bueno, hay formas y formas.

     Un club swinger no tendría por qué ser una cueva de mafiosos, sino un lugar donde la gente salga feliz de la vida. En pocos espacios es tan importante la satisfacción del cliente y la relación costo-beneficio, ya que, y suena horrible decirlo, la verdadera mercancía de estos establecimientos somos, precisamente, sus clientes. Obviamente, a nadie le gusta ser considerado mercancía, pero a todos los que nos gusta pasar la noche en estos sitios, lo que buscamos es encontrarnos gente y mientras más gente nueva, mejor. No conozco a nadie del medio que diga: "A nosotros nos encanta ir los sábados a tal y tal porque siempre está vacío y tenemos el lugar entero para nosotros solos". Para eso, la gente podría quedarse a follar en su casa ¿no? Y aunque algunos comentan sobre el playroom, la música o lo limpio del lugar, al final del día todos vamos buscando a otras parejas. Es decir, esas parejas son el principal activo del sitio.

     ¿Por qué, entonces, en lugar de cultivar a esos clientes/activos como a florecitas en germinado, que en corto plazo atraerán a más parejas que traerán a más parejas que... hay tantos propietarios que insisten en la mexicana política de hincarle el diente al primer cliente que pase y lo más profundamente posible? No lo puedo comprender. No entiendo, por qué es tan común la práctica del consumo mínimo, de ensartar obligatoriamente la propina en la cuenta, o de que el señorcito de seguridad pida, a la salida, para los refrescos de los muchachos. Concedido, no todos los clubes son así, ni todos utilizan todas estas prácticas. Lo que pasa es que empieza a molestarme lo constante que es sentir que tengo que ponerme en guardia cada vez que voy a un sitio a encuerarme (¿notan la sutil ironía?)

     Empieza a molestarme también, la estética de putero. Son tantos los clubes que confunden lo sensual con lo sórdido. Los bares de desnudistas, están diseñados, por obvias razones, para señores, en su mayoría con un cuestionable sentido del gusto. Por supuesto que en esos casos la decoración de man cave atrapada en los ochenta es adecuada. Pero el mundo swinger es, o debería ser un mundo femenino, un espacio donde las mujeres se sientan cómodas, en control, y por lo tanto, libres de explorar nuevos límites de su sexualidad. Nosotros, los hombres, agradecemos cuando así lo hacen. ¿No valdría la pena, entonces, apelar a un diseño más refinado, a un mayor cuidado en los detalles, a una decoración más confortable? Me parece que, en general los swingers mexicanos somos una tribu difícil y contradictoria. Es raro que tomemos la iniciativa, y más raro aún, que por propio impulso, hagamos que las cosas sucedan. Encima, la mayoría de los clubs, no ayudan mucho.

     Otra costumbre odiosa, de la que pocos dueños se escapan: un club SW no es su fiesta, no es la reunión a la que invitaron a sus cuates a festejar y por lo tanto, su parque de juegos privado. Es su lugar de trabajo, su negocio, uno tan celoso y demandante como cualquier ferretería, puesto de hamburguesas o planta de armado de automóviles. Quien está al frente tiene un compromiso con sus clientes y no los puede ignorar a cambio de agarrar la jarra o de perderse en el playroom. Es lamentable para ellos, sí, pero quien elige trabajar donde otros se divierten sabe que así es. Cada visitante es importante, no sólo sus amigos. El alcohol es para los comensales, no para ellos. Las parejas que vienen, vienen a jugar con otras parejas, no con ellos. Para enfiestarse, socializar entre cuates, emborracharse o swinguear, está su casa, las casa de sus amigos, e incluso otros clubs de swingers,  (a los que, por cierto, la mayor parte de los dueños nunca va, por considerarlos su mortal competencia), pero no su chamba.

     Por eso, este artículo, es para convocar a los propietarios o a los futuros propietarios a pensar más a largo plazo y a cuestionarse sus propios objetivos de negocio. No debe ser un negocio fácil, por eso, quien se lanza en esa aventura y lo hace bien, debería ser enormemente gratificado. No es casualidad que sean tan pocos los espacios en México a los que nosotros les damos el voto de confianza.
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lunes, 4 de agosto de 2014

Amigos swinger

¿Es válido desarrollar amistades con las parejas con las que juegas?

Dibujo de una orgía swinger
Este post ha de ser para los nuevos visitantes al blog, porque los viejos conocidos de Jardín de Adultos saben que aquí nos la pasamos hablando de las buenas amistades que hemos cultivado dentro del ambiente sw.  Sin embargo, entiendo que una pareja que comienza en este deporte, dude sobre lo aconsejable que es involucrar emociones y sentimientos. Supongo que el veto lo originó alguien con un sentido literario, que, por hacer una poética reseña inventó alguna frase del tipo "Luego de intercambiar intimidades, los sujetos se alejan y no vuelven a dirigirse ni siquiera una furtiva mirada..." Aunque, potente para terminar un artículo periodístico, la aseveración, poco tiene de acertado.

     Verdad, algunas veces jugamos con extraños en cuartos oscuros y al final ni el nombre preguntamos, pero no es lo usual. También es cierto, que desnudarse frente a otros no obliga, para nada a desayunar en la Condesa al día siguiente, luego a cocinar juntos, a ir al súper y, eventualmente, a conocer a los padres de la otra pareja. Sin embargo, aquellos que somos más selectivos con nuestros cómplices, encontramos comúnmente en ellos, a personas muy afines, a gente que, seguramente, en el mundo civil, también serían cercanos, por lo tanto, es natural que desarrollemos con ellos relaciones muy significativas.

     Otro fenómeno común es que, otra pareja swinger, posiblemente ha cruzado por etapas similares a las nuestras. Seguramente se ha cuestionado temas similares a los que nosotros nos hemos cuestionado y, al igual que nosotros, siente una imperiosa necesidad de contarle a alguien todas aquellas experiencias nuevas que está experimentando. Es, por lo tanto, perfectamente normal que, en esas circunstancias, se generen amistades estrechas. En el mundo civil, las relaciones tardan mucho tiempo en fraguarse, en buena medida porque necesitan pasar por ciertas pruebas. Por eso, los adolescentes (aquellos monstruitos de los que los liberales tanto aprendemos) van en grupo o en pareja a los parques de diversiones; necesitan pasar juntos por la crisis de la montaña rusa, sobrevivir al miedo y a la emoción juntos, y al final de la aventura, saberse una comunidad. Las personas requieren historias para identificarse con el otro y estrechar vínculos de confianza. Precisamente, lo que nos sobra a los swingers, son historias. Tus amigos del medio, te vieron ya en pelotas, fueron cómplices de tus momentos más íntimos, y estuvieron ahí cuando delante de otros, te hubieras sentido muy avergonzado.

     Con tus amigos horizontales puedes hablar de cosas de las que  no hablarías nunca con tus amigos verticales. Incluso, al hablar con los amigos más open-minded es difícil. ¿Cómo explica una señora a sus compañeras de trabajo que le gusta ver a su marido sancándole ruidos descomunales a otras mujeres? A lo más que aspira es a una condescendiente sonrisita de fingida aceptación y al esperado "Ay amiga, estás reloca". ¿Cómo le dice un señor a sus cuates del gym que ayer rosó los güevos de otro wey al practicar una DP? ¿A quién contarle que poco nos importa la higiene de un jacuzzi cuando en medio de contorsiones imposibles,  nuestras pequeñas partes especiales tocaban azulejos quién sabe por cuántos más tocados? Es decir, hay tantos equívocos, tantas curiosidades, tantas anécdotas chistosas y dolorosas, que contar y tan poca gente con quién compartirlas, que es muy deseable tener cerca a otros como nosotros.

¿Qué hay que evitar para evitar problemas?


     Lo mismo que evitarías entre tus amistades en el mundo civil. No hagas cosas a espaldas de tu pareja. Si tienes conversaciones con otros, platícalas en casa. Si mensajeas o hay intercambio de correos, no está por demás que le preguntes a tu pareja si tiene algún problema con ello.  En todo caso, aunque los mensajes sean dirigidos sólo a uno de ustedes, leeanlos juntos, sobre todo en los casos en los que pueda haber información sensible o coqueteos que, más tarde, puedan mal interpretarse. No tiene nada de malo jugar un poco,  pero lo tendrá si tu pareja siente que lo haces a escondidas. 
     Consideren siempre las reglas y límites que ustedes mismos han diseñado y respétenlas. Recuerda que el sentido común es la mejor guía, que nadie conoce a tu pareja y lo que puede hacerle daño, mejor que tú, y que lo más importante es proteger tu relación estable.
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sábado, 2 de agosto de 2014

Después de volver

Erótica penetración desde atrás
Abrí la puerta del edificio, y apenas había subido un tramo de escaleras hacia mi departamento, cuando me interceptó en la escalera una mujer semidesnuda que corrió a abrazarme. Eran las seis de la mañana del domingo, y yo venía bajando de un vuelo que me había mantenido en vela las 24 horas anteriores. Estaba agotado pero con muchas ganas de volver a casa, quiero decir, a las cobijas y al cuerpo de Mariana, quien ahora no se desprendía de mí.

      ¿De qué dependerá esta necesidad mía de nunca estar en donde se encuentra mi cuerpo? Dos semanas antes, estaba ansioso por salir al mundo, por dejar el contenedor que me rodea e ir a ver otras cosas. En cuanto me subí al avión de ida, empecé a morir de ganas de volver. Siempre he creído que mi personalidad es líquida; me adapto de maravilla a cualquier envase, y puedo pasar ahí mucho tiempo, pero en cuanto existe una posibilidad de fuga, la aprovecho. Dejo atrás el vaso, la jarra, lo que sea sin pensarlo mucho y corro como loquito hacia la calle. Soy como los perros que pasan mucho tiempo encerrados. Pero luego, me siento perdido, quiero volver, necesito volver, me urge, siempre, regresar al mar, a Mariana.

      No ayudó a mi tranquilidad mental, haber estado en un viaje por demás aséptico. Nada de ir a buscar escorts en Valencia o clubs de Sadomasoquismo en Berlín. No vi sexshops francesas, clubes de cabaret neoyorquinos, ni casas de masajes Tailandesas. Así que al volver a casa, traía conmigo dos semanas de sequía que me estaban ya comiendo del cerebro. Empezamos a besarnos en la escalera, confiando en que ningún vecino iba a salir a esa hora. Corrimos hacia arriba y entramos en el departamento. Hice una pausa, entonces, para meterme a bañar y dejar atrás todo el sudor y los olores del trayecto. Rasurarse bien, lavar dientes, ponerse litros y litros de esa loción que pone cachondona a mi mujer. No es que hiciera falta, tampoco.

      Salí desnudo del baño, para encontrarla sobre la cama. Mis manos llegaron fácilmente a recorrer los territorios que hacía sobre su piel el pequeño vestido de satín. Suavidad, y nada más, ya ninguna otra frontera que cruzar. Mariana se aferra a mí con brazos y piernas. Me deja su sexo al alcance para tocarlo con todo, piernas, dedos, hombros, boca. Y las bocas que no hayan un lugar fijo para sentarse a comer. Penetrarla ahora fue como cuando descubres por primera vez un lugar que ya conocías. Esa misma sensación de pertenencia que siempre tengo cuando vuelvo, pero que siempre es nueva. Es como tomar agua cuando se tiene sed. Como cuando lees una buena historia y sabes, con certeza, que tú eres el personaje principal. Venía del otro lado del mundo, de un largo periodo sin sexo y, es verdad, en ese momento pude haberme follado a lo que fuera. Pero no me estaba follando a lo que fuera, estaba dentro de mi Mariana, estaba regresando a casa, estaba volviendo al mar.


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lunes, 28 de julio de 2014

Antes de partir

Como iba a salir del país por dos semanas dejando irremediablemente a mi pobre esposa en un forzado periodo de abstinencia, la Cofradía ajustó todos sus calendarios para coincidir los más posibles en nuestra muy querida sede. En esa movida faltaron sólo el Chef Certificado y la Madrileña, pero no les faltó representación ya que, con el estandarte de esa peculiar trieja, la Mexicana se dejó caer desde poblanos domicilios. Pensamos que esa sería finalmente la noche en que iniciaríamos a la pareja guapa en los misterios de nuestra orden, sin embargo, no pudo ser y nos quedamos con las ganas de su compañía. Lo que sí ocurrió es que después de tantas promesas, los Cubanos y los Condes se conocieron y la fiesta estuvo como para fuegos artificiales.

     Así fue como, luego de varias horas de supermercado, la cofradía inició sesiones en un jacuzzi, luego en una alberca, luego en una cama y luego por todos lados. En medio de los festejos, La Pícara Acosadora y el Dr. Chocolate mandaron un mensaje informando que el tráfico desde su provincia hasta la capital los estaba haciendo considerar abortar la misión de llegar. Como la sesión  no sería lo mismo sin ellos, arriesgamos nuestros pudores: mandamos una foto de los presentes en situación comprometedora y con el uniforme oficial de nuestro gremio. Supongo que funcionó el truco, porque la consideración de regresar a sus terruños fue, de inmediato, abandonada. Juntaron fuerzas, de no sé dónde y con las alas que Mercurio les había negado pero que, de alguna manera se agenciaron, volaron lo mejor que pudieron entre los camiones, autos, y otros vehículos de combustión interna que, detenidos por la tormenta, se interponían entre nuestros amigos y nuestros genitales. Llegaron pues, cansados, fastidiados y calientes.

    Esa noche, ya no lo pude hablar con Mariana, pero debió haber sido una de las mejores de su vida swinger; estaban reunidos sus amantes favoritos y no le faltó un momento de sentirse consentida. A la Condesa, el cubano no la dejó ni un ratito, Mexicana y Acosadora, en sus papeles de nínfulas se alternaban para bien tratar a quien estuviera cerca, y en más de una ocasión me sentí el afortunado ganador de sus caricias. Cada vez me convenzo más de que mi mujer y yo tenemos los roles de género completamente invertidos. Mientras a ella lo que le gusta es el sexo fuerte y sin preámbulos, yo soy aficionado a los largos fajes y a las caricias distraídas. Afortunadamente, en una reunión de los cófrades, siempre hay tiempos y gustos para todos. Mariana brinca de unos brazos a otros y se deja llevar como bote sobre la resaca. Le gusta jugar a la papa caliente. Le gusta ser la papa. Es una caliente. Yo me enciendo sólo de verla, de adivinar antes de que llegue, el gesto que le nace en la comisura de la boca cuando mira a otro hombre desnudo, el reflejo de una luz, que viene desde un destino lejano, a posarse en la orilla de su ojo cuando el deseo la aleja de todo. Mientras me pierdo en largos besos de lengua, en los jadeos de mujeres sensuales y multiorgásmicas, me busco en su mirada. Me encuentro en ella y me siento en casa, como si un naufrago llegara a la orilla para encontrar ahí un espejo en la arena. Un espejo que refleja el cielo. Las estrellas.

     Ya entrada la madrugada, me acordé que un avión no tardaría en empezar a esperarme. Me fui con Mariana a un lado de la cama. Entré en ella y le dejé sobre el cuerpo todo el semen que pude. El plan era vaciarme por completo, para poder aguantar sin ella el mayor tiempo posible. Nos despedimos en un ritual tácito y privado. Ya muertos de sueño. Nos abrazamos sabiendo que con el final de esta noche, se nos aproximaba una oscuridad más grande, un largo periodo de extrañarnos. Dijimos adiós a nuestros cómplices de juerga. Besamos lo que pudimos y tocamos lo que había en el camino para llevarnos con nosotros un botín grande de imágenes y sensaciones con el que llenar las alforjas. Regresé a casa para meter a mi esposa a su cama y que pudiera dormir profundamente. La besé y me fui.

     Cuando despertó, la cofradía la llevó a desayunar, y yo ya estaba lejos de la Ciudad de México.

Trio sexual y felaciones HMH


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miércoles, 9 de julio de 2014

Los peores momentos de nuestra vida swinger 2

Segunda parte de nuestra antología de malas experiencias liberales


Beso interracial entre mujeres
Luerzer´s Magazine via: Sicalipsis
Decíamos en un artículo anterior que, en esto del intercambio de parejas no todo siempre fue bien. Que aunque el saldo es tan positivo que ahora somos unos swingers ya graduados y con título oficial de la Cofradía del Orgasmo Perpetuo, siempre hay historias de tropiezos, que vale la pena recordar ya sea porque trajeron una experiencia significativa o porque, al menos, son anécdotas divertidas. Con eso en mente, damos paso a la segunda y última parte de nuestro top ten de malas experiencias dentro de este mundillo liberal.

Malas Copas


Hay muchas razones por la cuales no somos aficionados a los hombres solos, pero creo que la principal fue una impronta que nos quedó luego de unas vacaciones en un hotel sw que acepta caballeros que vuelan por su cuenta. Era una de esas semanas que producen novelas existencialistas. Estábamos ahí muy pocas parejas. De esas pocas, pocos éramos swingers, aunque el hotel se preciaba de atender ese nicho particular del mercado, y además había estado lloviendo sin parar, lo cual hacía especialmente aburrida nuestra estancia en la playa. Las circunstancias obligaban al heterogéneo grupo a pasar largas tardes sin nada mejor que hacer que platicar unos con otros hasta memorizar los gestos de todos. Fue en una de esas sesiones en la que conocimos a un hombre en sus cincuentas que nos cayó bien. Insisto en que no somos proclives a los tríos HMH, pero entre el aburrimiento y las limitadas opciones, la verdad, es que tal vez nos hubiéramos dejado convencer. Por la noche, bajamos al área de fiestas. Llevábamos el ánimo dispuesto y un acuerdo tácito para sacar el mejor provecho de una noche que, lo mismo que las vacaciones, ya no prometía novedades. Así que el caballero se sentó junto a nosotros e inició sus maniobras de seducción en afectado estado etílico. Arrastraba las erres. Fijaba torpemente la mirada en el escote de Mariana y hacía gala de todos los clichés copiados al tío borracho de las quinceañeras. El alcohol, nada dejaba ver del tipo original que, por la tarde, se nos había presentado como una posibilidad. Neceó. Trató de imponerse y luego siguió neceando para pedirle a Mariana que le bailara. No sólo no aceptó un "no" por respuesta. Tampoco aceptó el segundo, ni el tercero ni el cuarto. Incluso, fue incapaz de ver la evidente transformación que ocurría, en el rostro y tono de mi mujer, con cada nueva negativa. Fue más por la seguridad del hombre, que por proteger a la damisela, que nada tiene de desvalida, que intervine con un jalón en el brazo y un firme "Ya párale" haciendo uso de todo el lenguaje corporal que aprendí cuando entrenaba perros. Hasta entonces, comprendió que en esto de buscar compañeros de juego, el valor que da el trago es bastante contraproducente. Se fue pidiendo una disculpa y no volvimos a cruzar palabra con él en lo que restó de las vacaciones.

Malas velocidades


El playroom estaba padre porque era una serie de pequeños cuartos que se sucedían los unos a los otros en una especie de laberinto. Era como un hotel a escala donde, en lugar de puertas había cadenas que podían cerrar los vanos para indicar que los paseantes no eran bienvenidos, o por el contrario, dejarse abiertas a manera de invitación. Nosotros, mañosamente, nos colocamos en una de los primeros cubículos para constituirnos como espectáculo obligatorio. Me quedé de pie, casi en la entrada de nuestra cabina, para dejarme hacer sexo oral por Mariana quien se arrodilló frente a mí.

Erótica vintage      Pasó una pareja de no mal ver, y se quedó un rato observándonos. Él, señaló mi erección a su acompañante y le preguntó que si se le antojaba. Ella dijo que sí, y él le preguntó a Mariana que si quería compartir su golosina con la señorita. Mariana asintió con la cabeza. Diría que me sentí indignado por ser tratado como un objeto por el cual se negocia y se regatea, pero no fue así. Me sentí halagado y me dejé consentir. Como era de esperarse, él se incorporó pronto a la fórmula, y no pasaron ni tres minutos cuando ya estábamos los cuatro involucrados en un intercambio de parejas casi de manual. Ella y yo estábamos aún en la etapa de los besos, cuando hice mi acostumbrada mirada de reconocimiento para saber si todo estaba bien con mi mujer. La descubrí tendida sobre su espalda, con las piernas abiertas frente al hombre que ya se enfundaba un preservativo. Díjeme, "qué pronto", pero por otra parte, Mariana no es tan aficionada a los preliminares como yo. Seguí,  pues, con lo que estaba haciendo, seguramente unas mordiditas en el lóbulo de la oreja de mi compañera, o algo así de ñoño. Escuché el gemido característico de la primera vez que Mariana es penetrada. Sonreí, porque es un sonido que me gusta, e inmediatamente después, como dijo Ricky Martin, un, dos, tres... y justo antes de llegar a la parte del "alé, alé, alé", el tipo ya había terminado. Le dio un beso a mi mujer en la mejilla, otro a la suya en la boca y se despidió. Nos dejó a su acompañante a quien entretuvimos lo mejor que pudimos antes de que ella, también satisfecha, se fuera y yo pudiera quitarle a Mariana un poco de la frustración que la aquejaba.

Malas sustancias


No es para nadie un secreto, que follar con el ocasional churro es una delicia. Por eso nos gustaba mucho visitar a un par de amigos que, aunque vivían lejos, nos recibían siempre con sus mejores dotes de anfitriones y nos brindaban un poco de su reserva especial antes de que comenzáramos a jugar.  El ritual ya era un poco repetitivo, pero tenía el principal valor de la certeza. Atravesar la ciudad, drogarse, tener sexo, relajarse, comer sushi, esperar el final del efecto, regresar a casa y, todo esto, compartido con una pareja igual de swingers que nosotros, es una de esas actividades que vale la pena hacer de vez en vez. Ese día, rompimos la armonía del universo llegando más tarde de lo habitual, lo que significó que, nuestros convidantes estaban ya bien servidos cuando nosotros aparecimos. Pensamos que no sería grave, que si nos apurábamos volaríamos a su altura en poco tiempo. Así que nos ponchamos un toque y esperamos el efecto.

     Sin embargo, cuando estábamos al mismo nivel, ocurrió lo que reza el adagio. Cuando nosotros íbamos, ellos ya venían. Así que para cuando empezamos a jugar, había mucho más de torpeza que de buena vibra, mucho más de incompatibilidad que de hipersensibilidad. Terminamos y ellos ya estaban completamente sobrios, mientras que nosotros estábamos justo en el vértice mayor de la pacheca, por lo que la conversación postsexual se volvió imposible. Nos sentimos visitas incómodas, no hilábamos tema y era evidente que nuestros amigos comenzaban a fastidiarse con nuestra falta de congruencia. Ni modo, el simulacro de small talk tuvo que durar lo suficiente como para que yo recuperara los sentidos para manejar de vuelta a casa. Así que pasó mucho tiempo de una incomodidad imposible de ocultar. El balance del encuentro fue tan triste, tan anodino, que no volvimos a llamar. Ni ellos a nosotros. Simplemente, cada pareja por su lado, asumimos la anécdota como una deprimente historia de un pasado al que no queríamos volver.

Malos maridos


En la entrada de un playroom semi privado, al que apenas estábamos conociendo, se nos acercó un hombre suficientemente guapo y suficientemente el estilo de Mariana, que nos preguntó, sin preámbulos ni coqueteos, como hacen los niños en el patio de la escuela, que si queríamos jugar con él y con su esposa. Era un club de los que no aceptan solos, por lo que no había razón para sospechar de la buena voluntad del tipo. En general, además, somos más melindrosos con los hombres, así que tampoco podíamos suponer que, si él se veía así de bien, ella no cumpliera con nuestros estándares. Dijimos que sí, alegres de haber ligado tan temprano, y empezamos a hacer cosas placenteras de las que aún son ilegales en ciertas geografías. La esposa seguía sin llegar, pero tampoco íbamos a esperarla para comenzar. Había mucho de violento en el encuentro. Era excitante, pero había que reconocer que las cosas ocurrían con más velocidad y más fuerza de las que normalmente nos gustan. Pronto, comenzó él a tener sexo con Mariana quien al mismo tiempo me chupaba con ritmos irregulares producidos por los fuertes embates que recibía. La esposa, seguía sin llegar. Cambiamos de roles y seguimos jugando, ahora en posiciones diferentes. Mi mujer se afanaba por excitarlo, lo tocaba, lo besaba, lo lamía con ímpetu congruente con la energía del momento. La esposa seguía sin llegar y el hombre terminó sobre mi mujer. Él empezó a masturbarla y se dejaba y gritaba hasta que logró el primer orgasmo de esa noche. Justo en ese momento, se nos acercó la gerente del club y le dijo al hombre que su esposa estaba afuera, que lo estaba esperando desde hace rato y que estaba muy molesta. 
     
     Así que, independientemente de que el trío haya estado bien y lo hayamos disfrutado mucho, tener la sensación de haber sido timados, es muy desagradable. El ambiente swinger es muy libre, pero no deja de haber una buena cantidad de personas que se comportan en él con la misma marrullería con la que lo hacen fuera. No nos cae bien un tipo que deja a su esposa esperando, dentro del medio o fuera de éste. No hubiéramos jugado nunca con él, de haber sabido que estaba solo, pero más allá de eso, quedamos en medio de una pareja que se engaña entre ellos y de un individuo que nos mintió a nosotros. Esa es la clase de anécdotas que nos dejan con mal sabor de boca y que nos suben la guardia en el futuro.


Malos olores





Sexo oral
Vía: Cute Dicks
Esta historia, tuvo que ser Mariana quien me la recordara porque, en esa ocasión yo la pasé muy bien. Ella, lamentablemente, no tanto, así que creo poco probable que repitamos a esta pareja. Uno de esos ejemplos claros de cuando el dios swinger de la repertición de placeres es generoso con unos y ruin con las otras. Era una pareja muy hermosa, y ella era una divinidad de esas que a la manera de los M&M, se deshacen en la boca. Yo, extasiado. Pero Mariana bajó a explorar lo que su hombre tenía bajo los pantalones y se encontró con un terrible olor a sudor añejo. No sé si por disciplina, si por consideración, o si buscaba sacar el mejor partido de la noche, pero no dijo nada. Se afanó con este hombre que, no sólo olía muy mal, además, tenía la grosera costumbre de empujarle la cabeza a quien le hace sexo oral. Pobre Mariana, porque mientras me veía pasar el rato de mi vida, y para tratar de poner la mente en otra cosa, no pudo sino recordar aquél otro incidente penoso en el que yo probaba contorsiones imposibles con la mulata y ella estaba varada con Mr. No Hands.
     ¡Qué bueno que tantos hombres en el medio liberal la han hecho tantas veces tan feliz, porque si no, no sabría como pagarle la cuenta de este par experiencias!
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